Entre la nostalgia y el presente virtual

No es novedad saber que la tecnología avanza a pasos agigantados y muchas veces nos pisa los talones. Nuestra vida se encuentra prácticamente sometida ante diversos lanzamientos de aparatos electrónicos o software que sentimos nos complementan. Digo sometida refiriéndome a que nos acapara una buena cantidad de tiempo y atención.
Hace poco salió un juego que ha cumplido con todos estos roles de atención y dependencia: Pokémon Go, un juego que ha acaparado la atención en todo el mundo y ha hecho millonarios a su creadores (aunque ya lo eran previamente) aumentando significativamente la mina de oro que posee Google. Pero a nosotros no nos importa eso, lo que realmente nos importa es simple y llanamente la diversión, también el deleite inusual del presente virtual. El juego consiste básicamente en ser un “entrenador Pokémon” tal cual lo era el protagonista de la serie. Lo fantástico de esta App es que está conectada a través de Google maps y recrea digitalmente en tu celular el lugar en donde te encuentras geográficamente, por ende puedes identificar a toda la gente que esta jugando a tu alrededor y entre todos pueden ver a los mismos pokémones que se encuentran en el sector.
Es inusual porque si bien la tecnología siempre da pasos rápidos y grandes, no son muchos los objetos y software que se han incorporado de manera natural en nuestro cotidiano. Por lo general la virtualidad aplicada a ese nivel es inaccesible para una persona común. Pero esta App nos ha venido a cambiar la perspectiva de todo lo antes mencionado y nos ha apuntado justamente a la generación que prácticamente enterró y guardó luto por las series anime de los 2000’s, los nacidos en los 90’s. Pokémon (como concepto, más que por la serie o las películas) es un encuentro entre la nostalgia y el presente virtual que enfrentamos hoy.
pikachu
Están las personas que pueden convivir con esto, pero también otras que están totalmente en contra. Cristian Warnken, profesor, historiador e intelectual chileno, escribió un artículo referente a la clase de personas que juegan esta App, se refirió a estos como “personas tristes con falta de cariño” también creo una alusión que tuvo sobre como vivían estas personas, identificando su entorno textualmente como “piezas estrechas en departamentos sin luz ni patio y veo hacia atrás una vida vacía, monótona, con madres y padres ausentes”. Warnken definió a estas personas como “zombies” que ya no interactúan entre ellos, que caminan por las calles sin comunicarse ni mirarse unos con otros. Si bien puede que algunos piensen que exageró terriblemente los hechos a través de este análisis donde describió a sus jugadores mediante identificaciones completamente subjetivas, no podemos pasar por alto que muchos de sus puntos cobran sentido, el hecho de que existe una dominación soberana por medio de la tecnología y en los efectos humanos de las nuevas sociedades es real a simple vista.
La cultura legítima se ha visto afectada y transformada con el pasar del tiempo y de la historia, las transiciones tecnológicas han saturado el mundo y los individuos se han adaptado a estos ciclos continuos. Quedan muy pocas personas como C.Warnken, un poeta que se acongoja con la humanidad suprimida en todo su sentido emocional y carnal, donde todas las posibilidades pueden ser cuestionadas en torno a una metáfora. La profundidad con que Warnken evalúa el actuar humano no es indiferente al presente virtual, ya que esto alteraría fervientemente una concepción de una sociedad cultural mucho más conectada en torno al valor humano en presente. La consistencia y nitidez de sus palabras podrían parecer lapidarias, pero yo considero que sus palabras fuertes se transforman a la hora de entenderlo como intelectual y sobre todo por escuchar su programa radial “El desierto florece” donde habla de poesía, libros y música desde un punto de vista mucho mas detallista en torno a lo perdido, a lo que en este mundo la gente generalmente no se detiene a explorar.
La idea de diálogo se ve suprimida al momento de conectarnos con esta tecnología que no deja chance para los cuestionamientos que se generan los individuos en torno a sus efectos.
Viendo el tema desde esta perspectiva, entiendo y defiendo completamente el punto de vista ontológico que plantea C.Warnken, ya que dentro de la metáfora todo calza y cohabita en una definición completamente creíble.
Las capacidades que tenemos como personas que se comunican entre ellos son infinitas y los intercambios de la palabra se van perdiendo con las nuevas tecnologías, generando una interferencia social y cultural.
De este modo, el ejercicio que nos presenta esta App v/s la realidad del diálogo es evidentemente anti comunicativa, si bien nos genera una suerte de diversión, creo que el efecto que presenta en nosotros va mas ligado con el concepto de nostalgia, no tan sólo por parte de la gente que siguió la serie desde niños (personas que ahora tienen entre 25 y 30 años) que figuran como el grupo objetivo más grande que tiene el juego, si no que también por la nostalgia de la comunicación.
Es necesario recuperar los espacios de diálogo y a la vez sostener la capacidad comunicativa, que si bien puede ser tradicional, también funcionaria productivamente de manera cultural e intelectual, que en este tiempo casi parece lo adverso y lo onírico en las intercomunicaciones.
Muchas personas se sintieron ofendidas con los calificativos que propuso C.Warnken a los jugadores de Pokémon Go y son los mismos individuos que se auto identifican como entes sociales abiertos al diálogo que juegan este tipo de juegos por la tendencia y la novedad.
Conectar el mundo de la tecnología con el de las comunicaciones sociales y evaluar una convivencia sana, es altamente dificultoso sin llegar a ciertos extremos, eso en la medida en que existan perspectivas equilibradas para no perder lo verdaderamente valioso que tiene la vida: los pequeños momentos. Es importante empoderar esos instantes y que no se hagan pequeños ante una supremacía tecnológica, rescatando los valores emocionales de las cosas simples, logrando un equilibrio sin extremos que interfieran en la convivencia.
Sin lugar a dudas todos nos hemos encontrado con momentos que no entendemos en nuestra vida, definiéndolos hasta como surreales y es así como nos persuadimos de que la vida en si es una metáfora y no podemos poner en evidencia a las personas que con gran valor aún identifican estas instancias. Al final de cuentas, las emociones crecientes, nuestro cuerpo y las relaciones interpersonales son el único presente que realmente cobra vida en los momentos más eminentes.
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