La muerte de nuestros ídolos y la playlist de nuestra vida

La muerte de nuestros ídolos nos arranca un pedazo de corazón, nos pone atónitos y persuasivos a la melancolía y el dolor, y no es un problema de fanatismo, es algo más profundo que nos conecta con nuestra historia, que en mayor grado representa fervientemente nuestra juventud. A través de esta ola memorial, pensamos, ¿Qué es peor que nos arrebaten esos momentos?, ¿Qué es peor que ver una parte de ti morir?.

La música lo sintetiza, lo condensa todo, representa un mundo y años específicos, momentos cruciales que ves marcados por canciones, como si fuera una película, como si a todo le pudieras poner pausa o play. 

De algún modo conectivo, todo el tiempo vas creando una playlist que define tu vida, sin mayores dudas fluye año tras año, pero siempre estarán los favoritos que te vieron crecer, esos que reviven los momentos, los amigos y las historias que pensaste estaban hundidas en lo más lejano de tus recuerdos, en esos espacios de tu mente que creíste vacíos y que tenias abandonados. 

Estamos casi a mitad de año y ya hemos visto morir a varios de estos ídolos musicales, pero también deportivos, asimismo de cine y tv, es como si en un año se decidiera matar a muchos de estos rostros en total disidencia con años anteriores, ¿O es que nunca antes lo habíamos sentido de esta manera? En todo caso siempre hay uno favorito que te rompe el corazón y en mi caso personal es David Bowie.

Creerán que la muerte de David Bowie es transitoria para una persona de mi edad (26), ya que no viví el fervor de sus años mozos como la gente que ahora tiene 40 o más; esas personas que vibraron con la escena presencial de Ziggy Stardust en los medios y en la música en estado presente. Pero a mi parecer, lo que pasa con Bowie involucra mucho más que una brecha musical, también es escénico, corporal, relacionado con el imaginario teatral y performático, fotográfico y esencial. Entonces no sólo sería su música, también es la imagen que se lleva a cabo como campo artístico que representa esa conectividad con nuestras inspiraciones más elocuentes y solemnes. David Bowie creó canciones que sin duda trascendieron en la historia y se prolongarán en nuestra memoria auditiva por siempre.

    La muerte de nuestros ídolos y la playlist de nuestra vida.

Hace unos días vi una película que lleva por nombre The Perks of Being a Wallflower (Las ventajas de ser invisible/marginado), una película de un libro que cuenta la historia de un típico chico estadounidense, el cual es marginado en su colegio y conoce a un grupo de chicos que lo acogen en su grupo. Este grupo de amigos tiene una chica de 17 años como protagonista, la que escucha música de los 80’s y una de sus bandas favoritas es The Smiths, tiene un hermanastro que es homosexual y sólo sale con chicos intelectuales. Ésta película no es una obra maestra, pero me hizo reflexionar mucho sobre la adolescencia y las personas que nos rodeaban entonces. Me sentí muy identificada con los personajes y fue un incentivo para analizar el estado de la música en nuestra primera juventud (aunque pienso constantemente en ello) y esto sucede por un acontecimiento particular en la película. 

En una escena tres de estos chicos van en una camioneta tipo pickup y la protagonista  se para en la parte trasera y se suelta para sentir el viento, entonces comienza a sonar una canción que les encanta pero que no logran identificar. Recién en la última escena la protagonista logra averiguar el nombre, (tras haber mencionado la búsqueda un par de veces) y repiten el mismo viaje en camioneta, finalmente ella pone un cassette con la canción: era Heroes de David Bowie. ¿Porqué hablo de esto y le doy tanto énfasis? Es por el hecho de que no la conocían, que tenían ciertas afecciones con la música de los 80’s pero no sabían con certeza quienes eran sus representantes y quienes seguían sonando con el pasar del tiempo. David Bowie sacó discos hasta sus últimos días, pero pegaba a un público objetivo bien seleccionado. A lo que quiero apuntar con esta historia para conectar con la idea principal, es que hay canciones que prácticamente son himnos legítimos de una generación, probablemente Heroes fue uno de ellos, pero los himnos que tienen reiteraciones furtivas (también necesarias) tienen otra trascendencia en el tiempo porque afectan a otras generaciones. Si bien estamos hablando de una ficción al poner la película como ejemplo, no podemos prescindir del objeto en contexto que realmente nos impulsa, y esto es que Bowie trasciende en la realidad y en las generaciones, ya que tiene un discurso potente mezclado con una música realmente fascinante y seductora. Es tanta su importancia musical que en un momento característico como éste, ni siquiera está involucrada la parte visual, que es algo que caracteriza a Bowie como un ente artístico en su totalidad globosa. 

David Bowie murió en el verano de este año, donde el día se transformó. Spotify no tardó mucho en lanzar una playlist de sus mejores éxitos y esto motivó el inicio de una tarde nostálgica y perpleja, donde todos los pensamientos remontaron recuerdos y relaciones que pudimos ejercer en algún momento, sosteniendo las imágenes que se conectaban con cada canción. Pero estas impresiones conectan arquetipos y personalidades múltiples, Bowie es sólo uno, pero también está Lemy, Prince y de hace pocos años Gustavo Cerati o Amy Winehouse, entre otros.

Muchos de nuestros ídolos nos han dejado, pero esto no sólo marca la ausencia en el mundo de una persona que ni siquiera conoces -porque gente muere todos los días- algo más se va con ellos. Es una esencia, un vapor invisible, una energía, una intención, un pensamiento, una idea reflexiva sobre la valoración de tus momentos, de tu vida, de tu música y eso es lo que finalmente define el arte, lo que realmente importa. Son esos trozos que te constituyen como persona y que si falta una pieza de a poco vas quedando lleno de agujeros que se pueden parchar, pero no volver a regenerar. Pero todo este dolor tiene un cometido, los que se van y se apagan algo nos dejan, lo más importante: su música, sus películas, sus emociones y todo lo que fue tan nuestro lo será por siempre, vivirán de manera perpetua en la playlist de nuestra vida, hasta que seamos nosotros a los que nos toque apagar ésta gran banda sonora. 

¿Y tú? ¿Cuál es la playlist de tu vida?

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