Paren el mundo que me quiero bajar

¿En qué momento te das cuenta que los conocimientos de infancia en ti quedaron? ¿en qué momento percibiste que lograste aprender a ligar una palabra con una imagen? ¿en qué situación estabas que tu memoria se ha vuelto lenta y no recuerdas la primera vez que viste el mar, la primera vez que hiciste una pecera de cartón, tu primer día de clases o el momento en que aprendiste los nombres de los animales.

¿Dónde estaba mi memoria la primera vez que fui a jugar a la plaza? ¿dónde estaba mi mamá? ¿dónde estoy ahora? ¿cuáles son los colores que existen?.

Sin duda el mundo no funciona como creíamos, las cosas no son como pensábamos y con los años, duramente, lo hemos ido aprendiendo.

De niños el funcionamiento de todo era como vivir en otro mundo lejano al actual, es como si las calles se hubieran transformado y el cielo tuviera otro color. Era otro universo paralelo donde todo se sentía diferente, nuestra mente quebrantaba lo proporcional a nuestros cuerpos y se salía de toda racionalidad ligada al contexto en presente, a lo que imaginábamos que acontecía afuera de nuestras ventanas, a ese mundo que simplemente podía ser el jardín. Nuestros ideales se reducían a cero (quizá por eso éramos más felices).

Al pasar los años nos vamos dando cuenta que llevar la soledad se hace cada vez más duro y los momentos felices son cada vez más escasos, y cuando nos hacemos conscientes de esto tratamos de retroceder en el tiempo, de buscar el lugar exacto en que todo se vino abajo y es ahí cuando nos damos cuenta que no somos capaces de recordar. Vienen las preguntas y de algún modo todo vuelve a comenzar una y otra vez cual eterno retorno de una misma vida, entre la niñez y la vida adulta.

No hubo una vez, si no cientos de veces en que quisiste bajarte del mundo, o por lo menos de esta sociedad que nos rige y nos exige ser de un cierto modo al que  a veces no podemos acceder ni sobrellevar, nos supera tanto que solo necesitamos un escape, una especie de pozo sin fondo para gritar lo más fuerte posible y dejarlo ir.

paren el mundo que me quiero bajar

Si bien todos los libros de auto ayuda y las religiones más trascendentales de este mundo nos orientan a diferentes formas de encontrar la felicidad, hay veces que nos cansamos y ya no queremos esforzarnos más en conseguir la cura para tanto sentimiento abrumador y perturbador. A la vida moderna se suman todas las tragedias que vemos a través de las redes sociales, internet y algunos –aún- en la televisión. Si pusiéramos todo en una olla, se crearía un gran puré/sopa de viajes, smart tv, smartphone (smart todo?), femicidios, corrupción política, pagar las cuentas, sube la luz, el gas, el agua, la comida, asesinatos, niños muertos de hambre, auto problemas de redes sociales (él dijo esto, no me gusta que ella piense esto), restoranes, evangélicos, veganos, problemas laborales, cansancio físico y mental, paseos con la familia, tu mamá, el whatsapp, muerte de tus ídolos, muerte de amigos o familiares, nacimientos de bebés, comprar ropa en 6 cuotas sin interés, la clase de crossfit, la clase de yoga, el taller de idioma, las clases en la facultad, el libro que tengo que leer (y no quiero), los paseos visuales eternos por el inicio de facebook, que al final sólo te sirven para reír un par de veces con algunos de los mejores gif de perritos o gatos (o en su defecto gente golpeándose), pero que finalmente te sumerge en un vacío constante y superficial de ver todo lo que la gente piensa o hace, sin que siquiera te importe tanto. Y ahí piensas: podría estar haciendo algo mejor. Pero sigues revisando el inicio de tu facebook.

Sé que estás cansadx, yo también, pero debemos buscar esa pequeña ventana que nos entrega claridad, que mucha veces se representa a través de nuestros más queridos seres o de un simple gesto por parte de alguien, o a veces ni siquiera depende de otra persona, si no que puede ser algo rico de comer, una buena taza de té, una interesante o divertida película y en fin, hay muchos momentos. Rescatemos estas instancias pero tampoco nos podemos obligar a un carpediem eterno y positivo, reconozcámoslo, no pasará, es imposible disfrutar todos los momentos sin estallar de vez en cuando o buscar ese pozo para gritar del que te hablaba antes.

¿Cuándo fue la última vez que te reíste hasta que doliera el estómago y no pudieras respirar? Recuérdalo y quédate ahí en ese momento sin aire, sostenlo y repítelo cuantas veces se pueda en tu vida.

No podemos recordar nuestros primeros conocimientos de infancia, cuando todo cambió ni nuestros primeros pasos hacia el estado consciente, tampoco podemos contestar muchas de las preguntas que nos hacemos a diario, pero podemos existir y podemos hacerlo bien, si colaboramos por lo menos seis días a la semana, dejando uno (o dos) para la improvisación emocional. 

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8 pensamientos en “Paren el mundo que me quiero bajar

  1. Me sentí muy conectada con este viaje inspirador… Lejos una bella manera de replantearnos la vida y lo que queremos de ella.

    Éxito Vane.

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  2. Aunque el título me pareció haberlo visto en otra parte, el contexto me hizo mucho sentido.
    Éxito en ese constante crecimiento, te seguiré leyendo
    Abrazos a los dos!

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